LA HONDA EN LAS LEGIONES ROMANAS


LA HONDA EN LAS LEGIONES ROMANAS - BELLUMARTIS HISTORIA MILITAR
         Este legionario romano obra del amigo de BHM Pablo Outeiral, se cubre su casco monterfortino con un cesto de mimbre durante uno de los combates de la Segunda Guerra Civil (49-45 a.C.). El propio Julio Cesar en su Guerra Civil nos dice que las tropas pompeyanas se cubrían los cascos con tegimenta galea, “coberturas de mimbre”. El motivo no es para protegerse de los rayos de sol sino para evitar el impacto de uno de los proyectiles más letales de la antigüedad, un glande.
         El glande no es lo que muchos pensáis, jeje, es uno de los proyectiles que se lanzaban con las sencillas pero eficaces hondas (excelente articulo sobre los tipos de hondas). Estas armas de origen campesino fueron empleadas en los ejércitos de Oriente Próximo ya en época de los Asirios (siglos VIII y VII a.C.) o en la bíblica hazaña de David contra Goliat que refleja el empleo de las hondas en las guerras de guerrillas. Pese a su gran eficacia en la cultura Griega y por ende mediterránea fue denostada como un arma poco noble, al igual que el arco, por lo que fue relegado  su empleo militar a pueblos aislados o subdesarrollados.

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Legionario Pompeyano con una honda
 y protección de mimbre. Pablo Outeiral
         Entre los pueblos que vieron la importancia o eficacia de esta arma destacan los habitantes de nuestras islas Baleares que se convertirían en una unidad de elite gracias al empleo de la Honda. Como nos recuerda Vegecio en su Epitoma Reis Militaris lo baleáricos se entrenaban así “las madres no permitían a sus hijos tocar un alimento si no lo tocaban antes con una piedra lanzada con su honda”. Aunque su puntería era importante el secreto de esta arma era la cadencia de tiro que “ametrallasen” las formaciones enemigas a una gran distancia. El secreto de la honda, mejor de las hondas ya que cada balear tenía tres de longitud variada, era su alcance superior al arco simple, unos 175 metros e incluso llegaba en algunos casos a los 300 metros. Según Onasandro una de sus mayores ventajas era que por su tamaño eran invisibles y no se podía advertir su objetivo como en el caso de una jabalina o flecha.
“Las islas Baleares fueron en primer lugar, denominadas Gimnesias, después, cuando fueran ocupadas por los griegos, ya que sus habitantes atacan a sus adversarios con piedras que voltean con la honda, éstos denominaron Balears las islas que ésos habitaban, nombre derivado que significa: lanzar”
Servi, Ad Virgil.
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Honderos auxiliares en la Columna Trajana
         En Roma se conocía a estos honderos especializados como funditores y durante el periodo previo al ejército manipular formaban parte de la quinta clase. Estos ciudadanos más pobres combatían como infantería ligera de proyectiles entre las centurias pero con el tiempo su papel se fue cediendo a pueblos aliados y mercenarios especializados en su uso como los etolios o los balearicos. Estos honderos se agrupaban en alae funditores o funditorum cohortes que tras la desaparición de los velites como infantería legionaria romana se generalizaría su presencia en todas las legiones como auxiliares.
         Con las reformas de Cayo Mario y su estandarización de las panoplias, la honda se convierte en parte de la equipación de los legionarios romanos especialmente en la primera mitad del siglo I a.C.. Ya no solo los auxilares  las empleaban y como recuerda Vegecio siglos después en su intento de recuperar el esplendor de las legiones “esta disciplina debe ser aprendida por todos los reclutas dado que no supone ningún esfuerzo llevar una honda”. Su uso por parte de los legionarios estaba circunscripto a los asedios tanto en tareas de ataque o defensa, mientras que en el campo de batalla eran empleados por los auxiliares. No nos podemos olvidar de su empleo en la Armada Romana tanto en batallas navales como fuego de supresión en los desembarcos navales, como fue el caso de las legiones romanas en Britania.
         Volviendo al glande con el que empezamos el artículo, su nombre proviene de “bellota”,glans, por su forma. Pero esta morfología,no era la única ya que existían biónicas, bolas elípticas o cónicas o las simples piedras que se cogían en el propio campo de batallas. Pero en el caso de Roma los materiales más empleados eran para fabricar proyectiles artificiales eran la arcilla y el plomo. Aunque sería este último el más habitual, la arcilla se empleaba con frecuencia, como demuestra el hecho de que en Lambaeisis en Argelia, se encontraron cerca de 6000 proyectiles de este material. De hecho las balas de arcilla tenían una ventaja táctica que se podían calentar al rojo vivo para provocar incendios durante los asedios como nos cuenta Cesar en la Guerra de las Galias (V.43.1).
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Distintas morfologías de los proyectiles. Más info aquí
         Los glandes de plomo romanos tenían un tamaño entre los 2 y 7 centímetros y un peso medio de entre 45-50 gramos. Se fabricaban a nivel de campamento gracias a un sencillo y rápido proceso conocido como glandes fundare. El proceso se hacía mediante moldes de arcilla que permitían la fabricación de uno o varios glandes a la vez, e incluso mediante un simple agujero en el suelo. El hecho no ser descubierto a cientos en los campos de batalla se debe a una sencilla razón, el reciclaje como se hacía con puntas de flecha y jabalinas. Durante la Republica, por influencia griega, se acostumbraba a grabar e los moldes ciertas leyendas, lemas, nombre de la unidad o el origen de los soldados, o de su general. O al igual que en las bombas actuales se ponían mensajes dirigidos a sus víctimas, como FERI POM(eius), “hiere a Pompeyo” o ESUREIS/ET ME/CELAS “aunque lo ocultéis estáis muriendo de hambre” dirigido a los asediados en Perusa.
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Molde para fabricar glandes. Autor desconocido
Por su forma tenían un alto poder de penetración, debido al peso aportado por la densidad del plomo y al hecho que se podían afilar, como aseveran las fuentes clásicas. Y los experimentos actuales comparan su impacto con un calibre .44 magnum gracias a la velocidad de 160 kilómetros por hora que alcanzan. Pero al daño físico se añade un daño psicológico, como se demostró gracias al hallazgo en Burnswark Hill de unos “proyectiles agujereados por un orifico de cinco milímetros”. Según el experto de National Geographic que experimento con esos proyectiles “Imagínate que estás oyendo ruidos casi sobrenaturales que nunca antes has oído, y que hay gente cayendo a tu alrededor”. Se perdía el factor sorpresa a cambio del factor miedo.
Glandes "ruidosos" con perforación hallados en Burnswark Hill.
Fotografía John Reid Trimontium Trust
También fueron empleados como medio de comunicación, eso si no muy seguro para el receptor sino estaba muy atento a la recepción.  Aunque tradicionalmente se creía que los mensajes estaban grabados en el proyectil, ahora se piensa por la extensión del texto que citan las fuentes clásicas, debía estar atado a su alrededor.

Para saber más podéis leer:
Las hondas en las legiones romanas” Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar

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