3 de junio de 2016

LA FALCATA



De la mano de Ginés José Muñoz Cánovas vamos a conocer un poco mejor una de las arma que forma parte del logotipo de BHM.
La falcata ibérica es el arma más conocida de la Antigüedad hispana, debido a su peculiar forma y decoración, a la frecuencia con la que aparece representada en esculturas o exvotos y al hecho de que se conocen más de seiscientos ejemplares, procedentes en su mayoría de enterramientos. El nombre “falcata” es un cultismo moderno, los romanos simplemente la denominan machaera y los escritores griegos machaira o kopis en sus escritos.
En cuanto al arma se trata de una espada en forma de sable, de hoja ancha, curva y asimétrica, con doble filo en la zona de la punta; es, por tanto, una espada pesada y capaz de asestar terribles golpes tanto tajantes como punzantes, éstos últimos, mucho más peligrosos. Su pequeño tamaño (solo unos pocos ejemplares superan los 55 cm) la hacen un arma especialmente apropiada para infantería, y menos, para caballería por ese mismo motivo...

Falcata BHM, sin acanaladuras al estar ocultas por el escudo del logo.  
 La falcata se fabricaba con tres láminas de hierro soldadas “a la calda” entre sí. A pesar de lo expresado en las fuentes clásicas sobre la calidad del hierro hispano, los análisis metalográficos modernos muestran una tecnología relativamente pobre, y ni siquiera está claro que se añadiera de manera consciente carbono al filo para acerarlo. Muchas de las armas peninsulares tenían la superficie de su hoja de color negro, obtenida intencionadamente por oxidación a magnetita, que es anticorrosiva. Parece que se evitaba el brillo acerado para que hiciera un mayor contraste con el de la plata de los damasquinados que es muy común en falcatas y puñales, e incluso en las lanzas.
Lo que si era una ingeniosa técnica, era la realización de profundas y elegantes acanaladuras que aligeraban el peso de la hoja, que la embellecían rompiendo la monotonía de una ancha hoja. Hay que resaltar otro falso mito sobre estas acanaladuras (muy común en internet). No se agravan las heridas causadas por este tipo de espadas con acanaladuras ni permiten la entrada de aire que pudiera causar una embolia gaseosa o un neumotórax, ni si quiera en la remota casualidad que entrara aíre en una herida punzante (más grave que la cortante) está por si crea infección, ni este aire puede generar gangrena gaseosa.
La lámina central de las tres que la componen se prolonga en una delgada lengüeta que forma el alma de la empuñadura, recubierta con cachas de madera o hueso, que en casito todas las recuperadas, habían desaparecido. La empuñadura envuelve la mano, porque la lengüeta se curva adoptando una serie de formas peculiares, denominadas de Cabeza de Caballo y de Ave. El extremo puede unirse a la base de la empuñadura mediante una cadenita o una barra maciza, quedando la mano protegida de golpes cortantes.
Empuñadura de la falcata de Almedinilla, siglo IV o III a. C., en el M.A.N. (Madrid).Wikicommons
 Como elementos de prestigio algunas de ellas iban decoradas con damasquinados en hilo de plata, figurando motivos geométricos, vegetales, animales e, incluso, representaciones de cabezas humanas e inscripciones en lengua ibérica. Uno de los remaches de las cachas, a menudo dorado o bronce, figuraba el ojo del animal, dotado probablemente de un carácter protector.
La falcata se guardaba en una vaina de tipo mediterráneo. Era de cuero con armazón con cuatro refuerzos de hierro y solía colgarse al costado izquierdo, según las esculturas, mediante un largo tahalí de cuero que pasaba por el hombro derecho y se sujetaba por anillas, dos para la suspensión y una tercera que hacía que la vaina facilitando la extracción del arma; por tanto, no pendía verticalmente del cinturón al estilo celta, que es bastante incómodo y peligroso.
En cuanto a su origen esta debió llegar al área de la Contestania ibérica de mano de comerciantes grecoitálicos, siendo los artesanos contestanos quienes la modificaron sustancialmente de sus versiones griegas e italianas. Estos artesanos la adaptaron a sus gustos acortándola, reduciendo la curvatura y la dotándola de doble filo. Las primeras se datan en el siglo V a.C. y perduraron, al menos, hasta finales del I a.C.
Falcata íbera. La empuñadura remata en una cabeza de felino. M.A.N. (Madrid). Wikicommons
Se ha mitificado como el arma característica del guerrero íbero, pero esta solo aparece mayoritariamente en el área contestana y bastetana, siendo pocos los hallazgos en otras regiones íberas, fruto de intercambios más que de propia producción. Muchas de las recuperadas en los enterramientos aparecen dobladas, quemadas y con el filo mellado a golpes como parte del ritual funerario.


Fuentes y créditos:
- “Arma y símbolo: La Falcata Ibérica” o "Armas de la Antigua Iberia" Fernando Quesada Sanz
- Falcata y su vaina de la Tumba 24 de la necrópolis de Castillejo de los Baños (Fortuna, Murcia) dibujo de D. José Miguel García Cano y Dª Virginia Page del Pozo
- Falcata BHM. José Luis Álvarez García
“La Falcata” Ginés José Muñoz Cánovas – Bellumartis Historia Militar

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