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20 de julio de 2017

EL PEÓN EMPAVESADO: LA TROPA OLVIDADA

Dos ballesteros y un empavesado con dardo en la batalla de Higueruela
Fuente: web Tercios de Flandes
Hoy Juan Molina Fernández nuestro especialista en la Era de los Tercios nos presenta a los empavesados, una unidad clave a la vez que desconocida de los primeros ejércitos de la Edad Moderna.
El empavesado fue uno de los tipos de tropas más comunes en la Baja Edad Media, especialmente en los países mediterráneos europeos. No suele mencionarse demasiado en los estudios actuales, quizás por la falta de glamour que un infante suele tener en esta época. Quizás por las fuentes, que son escasas, pero significativas de su importancia. La razón de esta escasez de fuentes en este tipo de tropa puede deberse a tres motivos: primero, falta de interés de los investigadores actuales; segundo, falta de interés en las fuentes de época ante una tropa de bajo linaje; y tercero, que estas tropas en su origen han sido denominadas de formas muy distintas. En muchos documentos se les llama lanceros, escudados o simplemente peones, de tal forma que no podemos determinar con precisión su equipo y formas de lucha. Sin embargo, atrapando varias fuentes fragmentadas, podemos hacernos una idea de lo que fueron estos curiosos infantes bajomedievales...
 El empavesado como tropa
El empavesado, rápidamente, puede definirse como el infante provisto de un escudo pavés para su protección. Dentro de esta definición encontramos varios tipos de empavesados. Los más conocidos, ya que son tratados con frecuencia en la historiografía y los medios de comunicación especializados, son los ballesteros empavesados. Este tipo de tropa contaba con un pavés muy pesado (generalmente de un modelo plano con una nervadura central) que o bien portaba a modo de mochila a la espalda o bien tenía unos soportes a modo de trípode para enclavarlo en el suelo y mantener una protección contra los proyectiles enemigos mientras recarga su ballesta. Este tipo de ballesteros fue muy utilizado por las ciudades estado italianas y era una opción habitual para el infante mercenario procedente de Italia (especial fama tenían los ballesteros genoveses con sus paveses).
Sin embargo, en este artículo queremos centrarnos en el empavesado armado con armas de asta, al que llamaremos lancero empavesado. Este lancero empavesado estaba armado con un pavés liso y curvado (en la Península Ibérica, veremos que los paveses de otras zonas suelen ser del tipo genovés), que cubría al menos de la rodilla al hombro (aunque podía ser más grande). Además, portaba una lanza de entre 1,80 y 2 metros por lo general o bien portaba un dardo, arma poco conocida y que podríamos definir como una lanza corta (no más de 1,60 metros de largo, posiblemente menor) que solía estar emplumada y cuyo principal uso es ser utilizada como una jabalina. Posiblemente el dardo es el descendiente bajomedieval de la lanza azcona. Además de estas armas, solían ir armados con una espada simple de guarnición y la armadura que pudieran permitirse.
El uso táctico del empavesado era muy posiblemente defensivo. Se utilizaría en grandes bloques de infantería de modo similar a los futuros cuadros de piqueros, o bien en conjunción con ballesteros y espingarderos, como aparece en algunas representaciones pictóricas. Probablemente mantenían la posición en las cargas enemigas y apoyaban a la caballería propia en sus acciones, de manera similar a lo que hacían los ballesteros. Probablemente, muchos  empavesados se colocaban al frente de formaciones de ballesteros, especialmente en asaltos y asedios, para protegerlos de los proyectiles, sistema en muchos casos más eficiente que el ballestero armado con pavés en solitario. 
Las armas del empavesado
El infante empavesado tenía como arma principal el escudo pavés, como hemos visto antes, debía cubrir al menos una proporción del cuerpo de la rodilla al hombro. En la Península solía ser liso y curvado, pero en Centroeuropa, solía ser plano con un refuerzo central. El agarre difería mucho. El más común era el agarre embrazado típico, a una altura ligeramente superior a la línea central del pavés, sin embargo es también muy común el agarre simple, a modo de gigantesco broquel. Éste tipo de agarre simple puede verse en una de los grabados  de la Guerra de Granada en la catedral de Toledo, donde aparece un soldado granadino agarrando un pavés con una sola mano, en un agarre similar al de una adarga. Existen, además, ejemplares centroeuropeos con este tipo de agarre, pero la mayoría son paveses de ballestero diseñados para dejarse en el suelo con unos soportes.
Típico paveses de ballestero centroeuropeos del siglo XV, planos con nervadura central.
En cuanto a las armas ofensivas, la principal con diferencia fue la lanza, de tal forma que en ocasiones al empavesado se le llamaba “lancero”. Era un arma formada por un asta fuerte de madera (madera de fresno, roble, o similar, capaz de soportar mucha fuerza) y una moharra con forma de hoja, por lo general. No solía ser mayor de 2 metros, pero hay ejemplos mayores, especialmente en las últimas décadas del bajo medievo. En ocasiones aparecen representados empavesados portando armas similares a lanzas, como partesanas, pero son más raras.
La otra gran arma ofensiva del empavesado era el dardo. Era una lanza corta, de alrededor de 1,60 metros (igual de alto aproximadamente que el lanzador o algo más pequeño) cuyo objetivo primordial era ser lanzado como una jabalina al adversario. En muchos casos, estaba emplumada como una flecha para mejorar la precisión. Se fabricaba con maderas ligeras y resistentes y solía tener un asta muy fina, generalmente con la contera ligeramente más gruesa que el inicio del dardo para darle equilibrio al lanzarlo. El dardo se siguió utilizando al menos hasta el siglo XVII por parte de las hermandades, pues es mencionado en “El Quijote”. 
Historia del empavesado
Batalla de Wenzenbach, en 1504.
Podemos ver a unos empavesados cubriendo a unos piqueros.
El pavés comenzó a usarse tal como lo hemos descrito aquí probablemente alrededor del siglo XIV, sin embargo, fue en el siglo XV donde alcanzó mayor preponderancia. Resulta sorprendente que, a tenor de las fuentes, el pavés como protección de ballestero fuera más común en Centroeuropa e Italia y el pavés como protección del infante con lanza más era común en los países mediterráneos europeos. Esto se podría deber a la forma en la que evolucionó la guerra en cada zona.
En la Península Ibérica, es obvio que la evolución del pavés vino dada por el mantenimiento de la estructura del lancero con escudo que se venía usando durante toda la Edad Media, de tal forma que el anterior escudo “cometa” fue derivando al más masivo pavés. Posiblemente se aumentó el tamaño de los escudos como respuesta al mayor uso de la ballesta en la Baja Edad Media. No era extraño que un ejército bajomedieval estuviera compuesto en la mitad de sus fuerzas por ballesteros, con lo que las saetas eran un peligro evidente para el infante mal armado.
En cambio, posiblemente el uso del pavés fue más secundario y restringido a los ballesteros en Centroeuropa, debido a la aparición de los piqueros suizos. La brutal novedad que introdujeron los piqueros en el siglo XIV hizo que la infantería de la zona tendiera a copiar el sistema. Y por muy efectivo que fuera el pavés, la pica debe utilizarse a dos manos. Recordemos que en la Península no se comenzó a utilizar la pica hasta la creación de la infantería de ordenanza en la última década del siglo XV, y aún entonces al piquero se le denominaba como “lancero”.
Otra imagen de la batalla de Higueruela donde podemos ver a un grupo de empavesados
a punto de lanzar dardos sobre el enemigo. Foto (fuente web “tercios de Flandes”) 
Curiosamente, algunas de las pocas menciones escritas al empavesado provienen de sus últimos años, quizás porque surgió la necesidad de diferenciarlo de otro tipo de peones. Aquí, en la ordenanza de 1495 de la Santa Hermandad, nos detalla con todo lujo de detalles el equipo del peón castellano de entonces, mencionándose con frecuencia el pavés y el medio pavés (misma forma, pero más pequeño):
«Mandan Sus Altezas a suplicación de todos sus Reinos y Señoríos e de todos los Estados dellos que todos sus súbditos y naturales de cualesquier ley o estado o condición que sean agora e de aquí adelante, tengan cada uno dellos en su casa e en su poder armas convenibles ofensivas e defensivas según el estado.Que todos los que viven e moran en las ciudades e villas francas e exentas, los más principales e más ricos dellos, hayan de tener o tengan unas corazas de acero e falda de malla e de launas e armaduras de cabeza que sean capacete con su barbera e celada con barbote e gocetes e musiquies e una lanza de larga medida e espada e puñal e caxquete.Los hombres de mediano estado e hasienda que hayan de tener o tengan corazas e una armadura de cabeza aunque sea caxquete e espada e puñal ed una lanza larga de la medida suso dicha e lanza común e medio pavés o escudo de Pontevedra o de Oviedo, e a los que pareciere de estado mediano que son dispuestos para tirar espingardas e ballestas, les encarguen que las tengan en lugar de lanza e pavés, e entiéndase que el que hubiere de tener espingarda, tenga también cincuenta pelotas y tres libras de pólvora, e a quien se mandase que tengan ballestas, que haya de tener con ellas dos docenas de pasadores.Los que fueren de menor estado e hasienda que tengan espada e caxquete e lanza larga e dardo con ella o en logar de lanza larga una lanza mediana e medio pavés e escudo de Pontevedra o Oviedo».
En las campañas del Gran Capitán en Italia se mencionan los empavesados todavía. De hecho, en la primera campaña se hace relación del tipo de infantería, dividiéndola en lanceros, escudados y espingarderos. Sabemos que los ballesteros eran incluidos dentro de los lanceros, que eran mayoritariamente piqueros, así que no sería descabellado pensar que los escudados se refieran a todos los empavesados, tanto con pavés completo o medio pavés, rodeleros, adargueros.
Empavesados centroeuropeos, posiblemente húngaros,
dando cobertura a escopeteros a principios del siglo XVI.
En la segunda campaña de Italia, aunque la figura del escudado desaparece de las cuentas, sabemos que el Gran Capitán tenía un cuerpo de 300 empavesados gallegos y asturianos, que tenían fama de ser muy efectivos. Los italianos, parece ser, compararon a estos gallegos y asturianos con los “antiguos soldados romanos” por su disciplina y parecida panoplia. De aquí podemos deducir que los anteriormente citados “escudos de Pontevedra y Oviedo” posiblemente se refieran a los paveses completos.
Durante la primera década del siglo XVI van desapareciendo los empavesados, ya que entre la presión de la pica y las nuevas armas de fuego, que pocos paveses podían soportar (aunque sí los más pesados y resistentes) hizo que decayera su uso rápidamente. En algunas ilustraciones de las primeras décadas del siglo XVI aún se ven paveses, pero a partir de aproximadamente 1520 prácticamente no hay fuentes.
Sin embargo, no desaparecieron del todo. Se tienen referencias al uso de tablas y tablachinas en determinados teatros de combate hasta el siglo XVII. Las tablas, no son ni más ni menos que pesados paveses reforzados para aguantar disparos de arcabuz, muy utilizados en las guerras subterráneas de las minas, donde el primer soldado portaba la tabla y el segundo un arcabuz o una pistola. La tablachina no es ni más ni menos que el nombre dado entonces al medio pavés (eran famosas las utilizadas por las milicias canarias durante el siglo XVI, utilizando madera de drago).



“El peón empavesado: la tropa olvidada” Juan Molina Fernández – Bellumartis Historia Militar 

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