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13 de marzo de 2017

LA GUERRA EN EL CANTAR DE MIO CID



Fotograma de la pelicula de 1961 dirigida por Anthony Mann

Hoy tenemos el placer en BHM de contar con el especialista en El Cid y su época, Alfonso Boix Jovaní. Sin más os dejo con esta breve introducción al mundo del Cid:
Igual que sucede con algunas películas actuales, el Cantar de Mio Cid podría describirse como “basado en hechos reales”, pues no todo lo que se narra es completamente histórico, de ahí que la leyenda de Rodrigo Díaz de Vivar deba mucho al más importante de los textos épicos conservados en castellano. Esta importante dosis de ficción se hace extensiva a las batallas contenidas en el poema, muy interesantes por una peculiaridad: prácticamente todas, a excepción de la acaecida en Tévar, se articulan en torno a la conquista y defensa de una plaza, escenario que permite al poeta describir, como mínimo, dos maneras de hacer la guerra: por un lado, las tácticas de conquista empleadas para tomar la localidad; por otro, la batalla campal frente a quienes intentan recuperar el lugar recién conquistado por el Cid...

El Cid por José Ferre Clauzel
Tras ser desterrado por un crimen que no ha cometido –lo del héroe injustamente proscrito no comienza con “El Equipo A”–, el Cid marcha con una pequeña tropa y sin apenas recursos de subsistencia, lo cual le impide sostener largos asedios que conviertan a su hueste en presa fácil de todo ejército que acuda en auxilio de los sitiados. Por ello, el Cid necesita una primera y fulgurante ida conquista, cuya estrategia desarrollará con la inestimable ayuda de su brazo derecho y gran asesor, Minaya Álvar Fáñez. La presa será Castejón, en cuyas cercanías aguardará el Campeador por la noche para abandonar su escondite cuando los habitantes abran las puertas de mañana, cuando vayan a trabajar al campo.
En su segunda conquista, lograda en Alcocer, y ya con más medios, el Cid se permite un asedio de quince semanas, tras las cuales comprende que no puede perder más tiempo y simula renunciar a su propósito levantando la posición, y abandonando, en medio de la llanura, una rica tienda completamente pertrechada, que actuará a modo de caballo de Troya: al ver cómo se aleja el Cid, los habitantes de Alcocer correrán felices para hacerse con dicha tienda pero, cuando estén lo bastante lejos de la población, la tropa del Cid se dará la vuelta –el popular tornafuye–, lanzándose tras los pobladores de Alcocer que, corriendo a pie, no llegarán a tiempo de cerrar las puertas de Alcocer. Muy diferente es la toma de Valencia, donde vemos al Cid comandando un inmenso ejército y sobrado de medios, lo que le permite sitiar la capital del Turia durante casi diez meses. El Cantar, por cierto, no especifica el uso de trabucos u otro armamento de asedio para vencer la resistencia Valenciana, si bien no debe descartarse su uso a tenor de lo que revela la Historia Roderici, la crónica por antonomasia sobre el Cid, donde sí se cita la presencia de un aparato para doblegar la resistencia valenciana.
 Los choques más espectaculares se producen tras las conquistas, cuando el Cid pasará de ser sitiador a asediado, y desempeñando brillantemente este papel al manejar diversas estrategias para vencer a un enemigo superior y dispuesto a reconquistar la plaza ganada por Rodrigo. Ante los reyes Fáriz y Galve, el Campeador optará por una clásica carga, aunque acabará siendo un tanto accidentada porque el impetuoso Pedro Bermúdez no podrá contenerse y abandonará la formación a lo loco, lanzándose él sólo contra los enemigos y obligando al Cid a ordenar el ataque antes de lo previsto para que sus hermanos de armas puedan socorrer al impetuoso Don Pedro. Otra carga, mucho más organizada, se dará en la batalla contra Bucar, tras la toma de Valencia, donde también Don Jerónimo atacará en solitario tras serle concedido el honor de ganar las primeras heridas. Todavía en Valencia, la batalla contra el rey de Sevilla carece de narración detallada, pero el Cantar indica que, con el choque ya decidido, el Cid persiguió a los moros, empujándolos contra el Júcar, donde muchos se ahogaron. La narración, pues, remite aquí a un factor tan importante como es el aprovechamiento de los accidentes naturales a la hora de plantear una batalla, y recuerda al modo en que William Wallace aplastó a medio ejército inglés contra el río Stirling, donde muchos perecieron ahogados.
Estas conquistas son, habitualmente, ficticias en la mayor parte de su relato, cuando no en su totalidad. ¡De hecho, ni siquiera sabemos si la batalla de Alcocer sucedió en realidad! Pero eso no significa que las estrategias detalladas no sean válidas, como también son enormemente valiosas las descripciones de las fases de las batallas más importantes, o las relativas a la equipación de los soldados. En ese aspecto, tanto la batalla de Tévar como la de Cuarte son modélicas: en la primera, el poema relata cada fase del desarrollo de la contienda: primero, el Cid y el conde Don Ramón de Barcelona intercambian cartas, provocándose, tras lo cual disponen las tropas en orden de batalla. Las tropas del conde de Barcelona ocupan posiciones elevadas, montes -aquí, de nuevo, se observa el aprovechamiento de la orografía-, mientras que el Cid, consciente de que la equipación de los suyos es más adecuada para el combate que la de sus contrarios, aguarda la embestida enemiga para recibirlos formando un muro con las lanzas, rompiendo su formación y obteniendo una rápida victoria. En Cuarte, el Cid derrota a los almorávides dividiendo sus propias fuerzas para lanzar un ataque de flanco donde, mientras un primer contingente a caballo ataca frontalmente el real almorávide, un segundo cuerpo golpea por el sureste, provocando el espanto enemigo. Estas dos batallas reflejan perfectamente la interesante variedad de tácticas, estrategias, perspectivas según el enfoque de asediador o asediado, y la riqueza de las narraciones de todo el Cantar que lo convierten no sólo en el pilar sobre el que se asienta la leyenda del Campeador, sino también en una importante fuente para desarrollar estudios polemológicos sobre la guerra medieval en la Península Ibérica.


La guerra en el Cantar del Mio Cid” Alfonso Boix Jovaní– Bellumartis Historia Militar

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