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21 de diciembre de 2016

LOS TOROS EMBOLADOS Y AMÍLCAR BARCA. Batalla de Helice +-228 a.C.



         Al general cartaginés Amílcar Barca no le olió a cuerno quemado el ofrecimiento de alianza del líder de los Oretanos, Obysos.
Los púnicos habían descendido desde la recién fundada Barcino, actual Barcelona, para someter a los indómitos celtíberos y exigirles el pago de tributos en plata y metales. Tras nueve años sometiéndose a ataques sorpresa, emboscadas que se convertirían en una marca Made in Hispania, siglos después con el nombre de Guerrillas, decidió buscar una víctima más sencilla.
Se dirigió hacia Hélice o Hélike, de situación controvertida, discutiéndose entre la actual Elche o Belchite en Teruel por lo que no queda claro si eran edetanos o contestanos. Sea como fuera el regulo de los Oretanos, tradicionales enemigos de sus vecinos iberos, ofreció su ayuda para conquistar Hélice. Para ganarse su confianza llegó a aprender cartaginés y tal fue la confianza que participó en los consejos de guerra de Amílcar...

Dishekel cartaginés de plata con la efigie de Amílcarcomo Herakles. Wikicommons
Cuando se marcó el día del ataque a la ciudad, el regulo celtibero decidió ser fiel a sus vecinos en vez de al invasor, o bueno ya lo tenía planeado antes. Se separó del contingente púnico con la excusa de buscar más hombres y quedó en reunirse con las tropas de Amílcar en un valle cercano a Hélice.
Mientras las tropas púnicas atravesaban días más tarde el valle vieron en las alturas de las colinas cientos de carros de bueyes. Amílcar pensó que era su aliado con suministros para sus monturas ya que salvo una escuadra de jinetes, no apareció el resto del ejército de Obyssos. Cuando las risas de los soldados púnicos y de los mercenarios se apoderaron del valle ante el miserable refuerzo que traía el regulo Obyssos, algo empezó a oler mal.
Los arrieros quitaron las pieles de oveja que cubrían la testudo de los bueyes descubriendo que eran toros, y de los bravos por lo menos miuras. Mientras estos hombres prendían las teas que ataron a los cuernos otros celtiberos prendieron los carros de paja. Más de quinientos carros de fuego comenzaron a descender ladera abajo en una estampida vacuna que pasaría a la Historia.
Toro embolado en Medinacelli, el barro puede que se emplease en la Antiguedad
El caos se apoderó de los asustados cartagineses que comenzaron a correr para salvar sus traseros del fuego. Las voces y mugidos asustaron a los elefantes de guerra cartagineses que comenzaron a su vez su propia estampida llevándose por delante hombres y caballos. Los flancos hacia donde huían los aterrados africanos estaban bloqueados por la caballería celtíbera a la que se unieron varias unidades de mercenarios a sueldo púnico, mejor cambiar de dueño que morir pensaron.
La única escapatoria era cruzar un río y cientos de cartagineses se dirigieron hacia allí, mejor morir ahogados que quemados pensaron. Entre ellos se dirigió a galope el general cartaginés que en medio del río cayo de su caballo. El exceso de peso debido a la armadura y que ninguno de sus hombres le ayudase, ya que estaban a lo suyo es decir salvando su vida, hicieron que el gran general muriese de una forma tan poco épica, ahogado huyendo de unos toros.
Esta emboscada del regulo Obyssos, es una muestra más de la inventiva española que hizo de la picaresca un estrategia de guerra. De hecho siglos más tarde en América unos españoles hicieron lo mismo con los British.


“Los toros embolados y Amílcar Barca.  Batalla de Hélice +-228 a.c.” Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar

2 comentarios:

  1. Hola;

    Muy buena entrada, tiene buena pinta el libro.

    Una cosa creo que tenéis un pequeño error ortográfico "mejor morir ahojados que quemados pensaron", no seria ahogados...

    Gracias.

    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Hola, me alegro que te gustase el artículo pese al fallo jeje.
      Si vas a comprar el libro me ayudaría si lo haces a través del artículo.

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