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24 de diciembre de 2016

FILIPINAS TRAS LA MARCHA DE LOS ÚLTIMOS




          ¿Qué ocurrió en las Islas Filipinas tras la derrota Española?  Cuando los cañones cesaron y los muertos fueron enterrados comenzó el tradicional reparto del botín español entre las potencias. La esperanza de Independencia de los Filipinos promovida por los estadounidenses se quedó en puras promesas.
         Para justificar este atropello a la libertad de un pueblo por un gobierno supuestamente democrático, el presidente William McKinley (1843-1901) trató de explicar su actuación “en que cayeron en nuestras manos como un regalo de los dioses”. ¿Qué otra cosa podía hacer  una potencia como los EE.UU. que proteger a los desvalidos filipinos incapaces de autogobernarse? En un discurso lleno de menciones a Dios y cargado de un Darwinismo Social, por no decir racismo, justifica la ocupación de las Filipinas transformándose de libertadores a conquistadores...

[…] La verdad es que yo no buscaba las Filipinas, y cuando cayeron en nuestras manos como un regalo de los dioses yo no sabía qué hacer con ellas.[…] Pensé primero que solo deberíamos quedarnos con Luzón y finalmente pensé que con todas las demás islas también.
William McKinley. Wikicommons
         La verdad que para no quererlas se quedó con todas, en parte gracias al apoyo británico que prefería que este territorio estuviese controlado por un aliado. Los japoneses ahora estaban más preocupados por Corea y la expansión rusa en Port Arthur que en colonizar las ansiadas Filipinas llegando estos a renunciar a sus aspiraciones a favor de EE.UU.
Sin oposición para su conquista solo le quedaba justificar su acto con la ayuda del Todopoderoso:
No puedo explicar cómo fue, pero sé que llegó hasta mí de esta forma: 1º que no podíamos devolverlas a España, pues esto sería cobarde y deshonroso; 2º Que no podíamos entregárselo a Francia o Alemania, nuestros rivales en Oriente pues esto sería un mal negocio y nos desacreditaría; 3º Que no podíamos abandonarlos a su suerte, pues no estaban preparados para el autogobierno y caerían en una anarquía y desgobierno peor que lo que habían tenido con los españoles; 4º Que lo único que quedaba por hacer era posesionarnos de todas ellas y educar a los filipinos, desarrollarlos, civilizarlos y cristianizarlos, y con la gracia de Dios hacerlo lo mejor posible.
Como era lógico los filipinos no querían ser civilizados y menos cristianizados, ya que lo estaban ya desde hace décadas por los españoles mucho antes que existiesen los EE.UU. El 12 de junio los filipinos proclamaron su Independencia sin tener en cuenta las aspiraciones de los “libertadores”.
El 14 de agosto de 1898, una tropa formada por 11.000 soldados, fue enviada a ocupar las islas para asegurar el territorio antes de que el ejército filipino pudiese consolidar su territorio con la excusa de cubrir el vacío de poder.
Durante dos meses de negociaciones, McKinley paso de exigir la base de Manila, a la Isla de Luzón para definitivamente todo el Archipiélago. En el Tratado de Paris firmado el 10 de diciembre de 1898 España cedió a los EE.UU. las Filipinas por 20 millones de Dólares (mientras que las Islas Carolinas las vendió previamente a Alemania para evitar que cayesen en manos norteamericanas). Este acto ponía fin a toda esperanza de independencia y los norteamericanos el 1 de enero pusieron como presidente títere a Emilio Aguinaldo.
"Insurgentes tagalos" muertos el primer dia de la Guerra.
Wikicommons
 Pero la violencia se apoderó del archipiélago, tras el 4 de febrero de 1899, cuando un soldado estadounidense disparara a un soldado filipino. El presidente estadounidense McKinley más tarde diría a los reporteros “que los insurgentes habían atacado Manila” para así justificar la guerra en Filipinas. Sin declaración de guerra, ya que sería aceptar que los nacionalistas filipinos eran un estado, comenzó la ocupación miliar de todo el archipiélago.
La estrategia de conquista de los norteamericanos se basó en la tan criticada política de “aldeas estratégicas”. Este sistema de control de zonas rebeldes, concentrar la población en aldeas fortificadas para evitar la colaboración con las guerrillas, fue empleado por Valeriano Weyler en Cuba y fue una de las excusas de Washington para la Guerra.
Matanza de filipinos por parte de soldados norteamericanos
en Jolos, provincia de Sulu
Durante los tres años (4 de febrero de 1899 al 16 de abril de 1902) fueron destinados más de 125.000 estadounidenses apoyados por unos 20.000 auxiliares filipinos. La primera etapa de combates se caracterizaron por uso de estrategias de lucha regular que supuso grandes pérdidas a los filipinos por la capacidad de fuego de la ametralladoras. Pero Emilio Aguinaldo, declarado “bandido rebelde” por McKinley, decidió adentrarse en la jungla y comenzar una guerra de guerrillas. Los nacionalistas se dirigieron hacia la región de Baler donde se encontraban nuestros Últimos de Filipinas.
La guerra supuso un alto precio para los filipinos que sacrificaron a 16.000 combatientes pero a muchos más civiles. El empleo de campos de reconcentración conocidos como “suburbios del infierno” y de la táctica de “tierra quemada” ocasionaron el desconocido Genocidio Filipino. Además del empleo de la tortura por ahogamiento o cura de agua, tan famosa en Guantánamo en la actualidad, entre los actos más execrables esta la orden del general Jacob M. Smith “Kill everyone over ten”.
Auxilares filipinos realizando una cura de agua a un oficial tagalo.
Wikicommons
 Las cifras de la represión oscilan entre los 250.000 a 1 millón de civiles pero la mayor víctima fue la propia identidad filipina. Al finalizar la guerra ya no quedó casi ni rastro del legado español, ya que según Luciano de la Rosa:
  “… una enorme proporción de esas bajas sean filipinos de habla hispana ya que eran los de este habla los que mejor entendían los conceptos de independencia y libertad y los que escribieron obras en idioma español sobre dichas ideas.”.
 PARA SABER MÁS SOBRE EL TEMA PODEIS LEER:


Filipinas tras la marcha de los Últimos de Filipinas Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar

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