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28 de noviembre de 2016

UNA USURPACIÓN FALLIDA: ESCRIBONIANO O EL INTENTO DE DERROCAR A CLAUDIO



"Claudio Sedente" Museo Arqueológico de Nápoles
    

Marcos Uyá nos sumerge de nuevo en la Antigua roma para descubrir uno de los más desconocidos golpes de estado que sacudieron al aparente pacifico Imperio.


 Una fría mañana de enero del año 41, el emperador Calígula, que se dirigía a escuchar a un grupo de jóvenes actores que participaban en unos juegos, cae asesinado por la Guardia Pretoriana liderada por Casio Querea. Según Flavio Josefo en sus Antigüedades Judías (XIX, 1, 2-3 y 6) el motivo fue político aunque Suetonio afirma en su obra La Vida de los Doce Césares (Vida de Calígula, 57-58) que Querea estaba harto de que el emperador le pusiera determinados motes para ridiculizarlo. Sea como fuere, seguidamente se estableció un estado de caos y confusión. La guardia germana, fiel al emperador, enterada del suceso, toma la justicia por su mano y asesina a conspiradores, senadores, transeúntes e inocentes que pasaban por el lugar...

Claudio Divinificado. Museos Vaticanos
Mientras tanto, los conspiradores que quedaron vivos, intentan acabar con la familia imperial, asesinando a la esposa e hija del emperador pero no así con Claudio, tío de Calígula, que quiso huir del palacio imperial para evitar problemas pero la inminente llegada de la guardia pretoriana hizo que se escondiera detrás de un cortina, según Dión Casio en su Historia Romana (LX, 1-2) y Flavio Josefo (Ant. Jud. XIX, 2, 1), esperando un triste y desolado final que afortunadamente para él nunca llegó, ya que no solamente fue respetada su vida sino que fue aclamado nuevo emperador.
Aun así, las cosas estaban lejos de calmarse. Una facción de senadores que habían participado en el complot contra Calígula deseaba reinstaurar la República viendo la depravación y locura que existía entre los emperadores romanos, en especial en Tiberio y Calígula. Si eso no fuera posible, al menos que fuera elegido alguien capaz para suceder en el trono al denostado Calígula, no un personaje como Claudio, tartamudo, lisiado, con varios tics en la cabeza y cojo, posiblemente debido a una parálisis cerebral que sufrió de niño. Además se había establecido un hecho sin precedentes y era que había sido proclamado por la Guardia Pretoriana y no por el Senado. De hecho, un senador llamado Anio Viciniano, había sido propuesto por el Senado como emperador potencial, nombramiento que no pudo llevarse a cabo debido a la rapidez con la que fue elegido Claudio.
Pensando una amplia mayoría de senadores y el propio Viciniano que el nuevo emperador no duraría mucho debido no solo a su debilidad física sino a su escasa formación en asuntos de gobierno, organizaron un complot para derrocarle y el propio Viciniano se puso en contacto con el gobernador de la provincia de Dalmacia, parte de la actual Croacia, para urdir la conspiración. El gobernador, Marco Furio Camilo Escriboniano, descendiente de Pompeyo del Grande, y que también había sido propuesto como candidato según Dión Casio (Hist. Rom. LX, 15) prestaría finalmente su apoyo al ambicioso senador.
Escriboniano tenía a su mando dos legiones en la provincia, la Legión VII que ya había servido a Julio César en la conquista de Galia y la Legión XI, estacionada en Burnum (la actual Kistanje), capital de la provincia, es decir, unos diez mil hombres, más las tropas auxiliares de número similar, con lo que el total de efectivos ascendería a veinte mil. El gobernador, a instancias de Viciniano, convenció a las dos legiones de marchar sobre Roma con la intención de restaurar la República y envió una carta a Claudio instando a que abdicara y dejase el poder al Senado.

Los Balcanes durante el Imperio, Dalmacia en la Costa Adriatica
 El propio Claudio meditó muy mucho esta cuestión. Contempló la posibilidad de retirarse e incluso algunos senadores, viendo las dudas y reticencias del propio emperador respecto a seguir en el trono, se adhirieron a la causa de Viciniano esperando que finalmente diera el paso decisivo de abandonar. Sin embargo, y gracias a las opiniones de sus libertos, Claudio, según Suetonio (Vida de Claudio, V, 35), no dimitió.
A pesar de ello, los planes de Viciniano y Escriboniano siguieron adelante pero un importante hecho hizo cambiar el rumbo del complot. Justo antes de partir hacia Roma se realizó una ceremonia llamada “lustración” que se celebra entre el 19 y el 23 de marzo consistente en sacar los estandartes sagrados con las águilas doradas que estaban situadas dentro de los santuarios que se erigían en los campamentos romanos, llevándolos a una asamblea en las que unos sacerdotes las ungían con perfumes y adornaban con guirnaldas de flores. Pero ocurrió algo impensable, los portaestandartes encargados de extraer las águilas que estaban clavadas en el suelo, no pudieron hacerlo y el hecho corrió como la pólvora sobre los efectivos de las dos legiones que interpretaron el suceso como una mala premonición y acordaron no marchar con Escriboniano a Roma, amotinándose contra el propio gobernador y a los oficiales de alto rango que lo secundaban. El primero no tuvo más remedio que huir y posteriormente suicidarse mientras que los oficiales fueron pasados a espada.
Cuando a Viciniano le llegó la fatal noticia del inesperado final de la revuelta, también se suicidó junto con otros conspiradores, mientras que los senadores que lo apoyaron fueron juzgados, condenados y ejecutados. Las dos legiones la VII y la XI fueron premiadas por Claudio con el sobrenombre de Claudia Pia Fidelis, que significa “leal y patriótica de Claudio” y el propio emperador mandó ascender a todos los soldados que habían detenido el complot y asesinado a los oficiales implicados. Sin embargo, Claudio cometió un error al enviar como nuevo gobernador a Lucio Otón, padre del futuro emperador Marco Salvio Otón, quien nada más llegar a la provincia y empeñado en instaurar una férrea disciplina, mandó llamar a aquellos legionarios que habían asesinado a sus oficiales superiores y en vez de recompensarles los castigó condenándolos a muerte, ignorando que Claudio había dado la orden de ascenderlos por dicho motivo, según Suetonio (Vida de Claudio, VIII, 1). Un mal final para una acción de lealtad supersticiosa.

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-    -Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperialesromanas Dando-Collins, S.: Madrid: La Esfera de los Libros, 2012.
-     -  "Historia Romana: Libros L-LX". Casio, D.Madrid: Gredos, 2011.
-    -  "Who’s Who In The Roman World". Hazel, J.London: Routledge, 2001.
-      "Antigüedades Judías". Josefo, F.Madrid: Akal Clásica, 2 vols, 2002.
-    - " Vida de los doce césares".   Suetonio, C. Madrid: Editorial Gredos. Volumen II: Libros IV-VIII. 1992.
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