publicidad

20 de octubre de 2016

BURJ AL RUS, LA TORRE HECHA CON LOS CRÁNEOS DE LOS CAÍDOS EN LOS GELVES



 Hoy comienza Jorge Álvarez a colaborar con BHM para difundir momentos desconocidos o olvidados de nuestros Tercios.
A mediados del siglo XVI, los otomanos y berberiscos constituían un considerable quebradero de cabeza para los países cristianos bañados por el Mediterráneo y muy especialmente para España. No sólo era que sus flotas asaltaran una y otra vez las naves que navegaran sin la debida protección o hicieran súbitas incursiones en los pueblos del litoral saqueándolos y llevándose a su población como esclava, sino también el hecho de entorpecer las rutas comerciales y obligar a desviar importantes recursos para hacerles frente, debilitando otros puntos candentes del escenario bélico europeo.
Aún faltaba una década para que Felipe II decidiera afrontar el problema volcándose completamente en él, pero en 1560 dio un primer paso siguiendo el ejemplo intentado por su padre -con distinta suerte- en Túnez y Argel. Su objetivo, fue tomar la ciudad de Trípoli, una de las bases mediterráneas que tenía el almirante turco Dragut desde que se la arrebatase a la Orden Hospitalaria diez años antes. De hecho, la idea fue del Virrey de Sicilia, el duque de Medinaceli, y del Gran Maestre de dicha orden, Jean de La Valette...
La alianza con los Estados Pontificios, Venecia, Génova y Saboya, se formó una gran escuadra cuyos efectivos nunca han podido establecerse con claridad, aunque parece que superaría el medio centenar de galeras y otras tantas naves diversas en las que se embarcó alrededor de diez a doce mil soldados. Al frente estaba el célebre Gian Andrea Doria. Una vez más, los preparativos revelaron graves deficiencias en lo tocante a intendencia (falta de agua) y previsión (la campaña se hizo en pleno invierno por lo que el mal tiempo restrasó la partida hasta marzo), de ahí que no tardaran en brotar las enfermedades y sobrevenir tormentas que impidieron acercarse a la costa tripolitana en condiciones; además, el duque de Medinaceli, jefe de la tropa de asalto, estimó que no podría superar aquellas murallas por no contar con artillería suficiente.
Vista satelite de la Isla de Yerba, Wikicommons
En su lugar se decidió entonces tomar la isla de Yerba, también llamada de Los Gelves. Se hizo sin oposición y se empezó a construir una fortaleza para el previsible contraataque otomano. Éste llegó mucho antes de lo previsto, en menos de dos meses, dado que el citado retraso había dado tiempo a prepararlo, así, los trabajos estaban a medio hacer cuando en el horizonte aparecieron casi noventa galeras al mando de Pialí Bajá.
Cundió el pánico, con discusiones entre los comandantes cristianos sobre si combatir al amparo de las débiles defensas, hacerlo en mar abierto o, directamente, retirarse. Al parecer se impuso esta última opción porque los barcos musulmanes cayeron sobre los cristianos e hicieron una escabechina, causando miles de muertos. Andrea Doria y Medinaceli lograron escapar pero en el fuerte de Los Gelves quedaron cinco mil hombres aislados dirigidos por Álvaro de Sande, de los que sólo unos tres mil eran soldados y el resto marineros. Ayudado por los refuerzos recién llegados de Dragut, Pialí Bajá puso sitio a la isla, que resistió tres meses. Las tropas de Sande no pudieron recibir ayuda porque otra tempestad desbarató la flota cristiana frente a la costa del reino de Granada y, así, los españoles tuvieron que rendir la plaza cuando el enemigo se apoderó de los pozos de agua, cortándoles el abastecimiento. No fue lo único que cortó porque se registraron mil bajas que sumar a las de la batalla naval. 
Los supervivientes acabaron en Estambul como esclavos, aunque algunos con fortuna pudieron ser rescatados mediante pago, como pasó con Álvaro de Sande. Las naves de la media luna se adueñaron del Mediterráneo durante un par de años, apoderándose de Rodas e intentándolo también -infructuosamente- con Malta, además de asolar la costa levantina, algo que sólo se pudo paliar levantando multitud de castilletes de vigilancia y poniendo patrullas de caballería a recorrer el litoral, aunque eso decidió a Felipe II a iniciar un importante programa de construcción naval.
 Pero lo verdaderamente impresionante de aquel desastre fue el destino de los huesos de los caídos -en total unos diez mil-, pues con ellos se levantó una torre conocida como Burj al-Rus (Torre de las Calaveras) que medía más de diez metros de altura por siete y medio en su base. Un macabro monumentos de cráneos y osamentas que debía servir de advertencia disuasoria ante futuros intentos de desembarco (por eso se erigió frente al mar, en una playa) y que estuvo en pie hasta el año 1848, en que el gobernador británico ordenó desmontarlo y dar cristiana sepultura a los restos.
Monolito en el emplazamiento del Burj al Rus

Bibliografía y Fuentes, puedes comprarlos en Amazon haciendo click en los enlaces y ayudaras a BHM
- “Felipe II” Geoffrey Parker.
- “Imperio” Henry Kamen


Burj al Rus, la torre hecha con los cráneos de los caídos en Los GelvesJorgeÁlvarez – Bellumartis Historia Militar

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

DERECHOS DE AUTOR