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6 de agosto de 2016

“CON LA IGLESIA HEMOS DADO, SANCHO”




 Un trabajo de Esaú Rodríguez Delgado un nuevo colaborador para BHM 

Seguramente esta frase, sacada de la obra del Quijote, le rondó la cabeza en un momento dado al personaje del que vamos a hablar en este artículo. Pero a diferencia del sentido del que hacemos uso (contra la Santa Madre Iglesia no hay nada que hacer), nuestro hombre le echó redaños y salió victorioso. 
Hablamos del Capitán Alonso de Contreras (1582-1641), hombre del cual podemos saber mucho, pues realizó un pormenorizado memorial de su vida, seguramente para ser usado en casos de justificar sus servicios a la corona y pedir cuentas atrasadas. Dicho memorial se conserva en el Archivo General de Simancas, aunque es fácilmente descargables en la red y muy recomendable la lectura de sus aventuras (este personaje es mencionado por Alatriste en la obra Corsarios del Levante, y hasta el mismo Lope de Vega se basó en parte de su vida para la obra teatral El rey sin reino)...
Nuestro capitán, tras múltiples y provechosos servicios a la corona, y tras haber ayudado a la ciudad de Nola durante la erupción del Vesubio de 1631, fue enviado a la cercana ciudad de Capua a descansar con sus hombres, tras haber socorrido a aquella población en todo lo que pudo. Al llegar a la plaza, y tal y como marcan las ordenanzas, procedió a preparar el alojamiento de la tropa entre las casas de la villa, pues no era normal que hubiese una instalación donde albergarlos a todos.

La erupción del Vesubio en 1631. Wikicommons
En cuanto al alojamiento de soldados en las casas de un pueblo donde temporalmente se detuviese una tropa, esto es algo que no se hiciera sin control, sino que estaba debidamente legislado desde al menos mediados del S.XIV, cuando en tiempos de Juan II se estipularon las obligaciones de los vecinos (se puede encontrar en la Novísima Recopilación, N.R., de las Leyes de España, título 19, libro 6) así como las compensaciones y penas si no hacían frente a sus deberes, indicándose a su vez, quiénes estaban libres de prestar esta onerosa contribución. Imaginemos hoy en día en que nos “metan” en nuestra casa a uno, dos o hasta tres soldados, y que debamos darle cama y comida durante un tiempo que nunca estaba claro cuánto sería. Así pues, siempre que se podía, se recurrían a las exenciones que marcaba la ley, y frente a esto se encontró el capitán Contreras.
Seguramente algo parecido vio llegar Capua. Augusto Ferrer Dalmau
 La sorpresa del oficial llegó a la hora de distribuir a los soldados, pues pronto descubre que serán los hogares más pobres los que acogerán a la tropa, puesto que las mejores casas, las que pertenecen a las familias acomodadas, se aprovechan de las leyes para esquivar el alojamiento. ¿Cómo era esto? Pues nuestras generosas familias cogían a uno de sus hijos, y cuando éste tenia edad suficiente, era ordenado en las “primeras órdenes” y acto seguido, se le donaban todas las haciendas, si bien seguían viviendo las familias en dichas casas. Evidentemente dichas casas quedaban como posesión de un miembro de la Iglesia (de ahí nuestra frase introductoria), y con la normativa en la mano, los eclesiásticos estaban libres de acoger a la tropa, tanto que las ordenanzas hablaban de que “si se necesitare de más cuarteles, pasen las justicias a suplicar a los eclesiásticos los admitan, y no obstante, si no quieren hacerlo, no se les obligue a ello” (Modo de repartir los soldados en las casa de los vecinos pecheros, y ocupadas estas, en las de Hidalgos y eclesiásticos. Ley X, título 19, libro 6, N.R.). Pero claro está, éstos no querían, y las súplicas no parecieron hacer mella en sus corazones. Ante esta falta de “espíritu cristiano” nuestro hombre fue a hablar con el Arzobispo para que mediase, pero éste los defendía, debido a los continuos dineros y apoyos que le suponían (así lo dice Contreras, y habrá que creerlo), indicando que, de acoger a la tropa, nada que “aquello era justo”.
Tras haberse enfrentado con turcos, herejes, y volcanes (vuelvo a recomendar la lectura de su vida) nuestro oficial manda salir a la tropa de las casas de los pobres y se fue directo a la de los ricos. Lo que pasó después, se lo dejamos contar al autor de nuestra aventura:


Quejáronse al arzobispo, y él envióme a decir que mirase qué estaba descomulgado. Yo reime de aquello. Y uno de estos clérigos salvajes, que así los llaman en este reino porque no tienen más de las primeras órdenes y son casados muchos, púsose en una yegua para ir a quejarse al arzobispo, y un soldado diole una sofrenada diciendo que se aguardase hasta que me lo dijeran a mí. La yegua no sabía de freno más que el dueño latín, con lo cual se empinó y dio con él en el suelo, que no se hizo provecho.
Con todo su mal fue a quejarse, con que el obispo me envió a decir que estaba descomulgado por el capítulo quisquis pariente del diablo. Yo le respondí que mirase lo que hacía, que yo no entendía el capítulo quisquis, ni era pariente del diablo, ni en mi generación le había, que mirase que si me resolvía a estar descomulgado, que no estaba nadie seguro de mi sino en la quinta esfera (Se referirá al planeta Marte, que es como Dante lo describió en su obra), que para eso me había dado Dios diez dedos en las dos manos y ciento y cincuenta españoles. Él tomó mi carta y no me respondió más de que les envió a decir a los de los casales (Barrio de Capua donde vivían las clases acomodadas) que hiciesen diligencia con el virrey para que me sacasen de allí, que él haría lo mismo, porque no hallaba otro remedio.

Así pues, Contreras dejó claro al Obispo que teniendo tras de sí a 150 soldados españoles, y sus propias manos, no le temía a nadie, y sí deberían temerle y mucho, los que con él se enfrentasen, pues tenía claro de la justicia de sus actos, y de lo destructivo que podían ser unos soldados españoles.
Nuestro hombre termina diciendo que al menos estuvo 40 días en casa de los ricos, y ningún pobre sufrió el alojamiento de la milicia, y de allí fue mandando a la ciudad de Águila, en la región de Roma, a poner orden entre aquellas gentes, pero esa, esa es otra historia que os espera en las memorias del Capitán Alonso de Contreras.
Suponemos que el arzobispo pensaba en esto cuando recibió la respuesta . “Saqueo de Roma”. Wikicommons
 “CON LA IGLESIA HEMOS DADO, SANCHO” Esaú Rodríguez Delgado - Bellumartis Historia Militar
 

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